Desde el punto de vista de Reiki, las enfermedades tienen su origen en las emociones y pensamientos. No quiere decir que se niegue la existencia de virus, bacterias o de trastornos genéticos. Sin embargo, las emociones y los pensamientos son la clave para comprender el origen de la enfermedad.

Si tomamos el cuerpo como la versión física de nuestro ser, podemos entender que se trata de un mapa de lo que pasa en nuestro interior, es reflejo de lo aquello que acontece en el alma misma. Sabemos que una de las características de la energía es que atrae más energía de la misma frecuencia vibratoria, así una emoción o pensamiento atraerá otro igual o similar. Cuando no hacemos conscientes las emociones y los pensamientos, cuando no los resolvemos y sanamos, se van acumulando y, energéticamente, van atrayendo otros de la misma frecuencia.

De esta manera una pequeña molestia, al final de un día, puede transformarse en un enojo más grande y si no nos hacemos responsables de nuestra emoción seguirá acumulándose hasta que finalmente se verá reflejada en nuestro cuerpo físico. Hay muchos autores que se han dedicado a hacer la relación entre emociones y partes del cuerpo, así podemos saber que la tristeza comúnmente se verá reflejada en las vías respiratorias, el miedo en el sistema urinario, el enojo en el digestivo y la lista continúa.

No se trata de que por arte de magia la emoción se transforme en una enfermedad, sino que modifica nuestra frecuencia vibratoria y ello abre o cierra la entra a aquello que causa la enfermedad. Si nuestro ánimo está bajo, por ejemplo, a raíz de frustraciones no resueltas, entonces estamos vibrando en la misma frecuencia que algún virus y es entonces cuando nos afecta a nivel físico.

Por ello es tan importante mantenernos conscientes de lo que estamos sintiendo y pensando, ubicar su origen y resolverlo, sanarlo. Pareciera una labor titánica, quizá lo es, pero con la práctica podemos, con la ayuda de Reiki, ir sanando esas emociones en el momento y dejar de acumularlas. Somos seres humanos y sentir es parte de la experiencia humana, no hay manera de dejar de sentir enojo o tristeza, lo que sí podemos hacer es dejar de darles la vuelta, hacernos responsables de lo que sentimos y resolverlas sanándolas.