Los centros energéticos humanos, al estar hechos de energía, están en constante movimiento y ello genera un campo a su alrededor. Dicho campo energético tiene un alcance particular de acuerdo a la vibración de cada centro energético. De esta forma, cada campo se aleja del cuerpo físico una distancia específica creando “capas”. Es a este conjunto de capas a lo que se le conoce como “aura”.

El aura es una característica del sistema energético humano que puede utilizarse como herramienta en los procesos de sanación energética. Tanto para el diagnóstico debido a que en ella se ve reflejado el estado del sistema energético, así como un canal para que, actuando sobre ella, poder llevar la sanación a la persona.

Visualizar el aura es de gran ayuda para trabajar con ella, pero se puede percibir por otros medios que no necesariamente implican la vista. Podemos percibir el aura, de principio, con los cinco sentidos. Podemos olerla, saborearla, sentirla y escucharla, además de verla.

El campo áurico es como un registro que contiene la historia completa de la persona, su pasado, su presente y sus tendencias hacia el futuro. Podemos trabajar con ella de muchas formas: con energía como Reiki, con sonidos como los cuencos tibetanos, con cristales de cuarzo, con incienso, con las mismas manos.

Los colores que se asocian al aura pueden reflejar el estado del aura, pero hay diversidad de opiniones entre los especialista sobre el tema sobre el significado de los colores. Es importante conocer de manera más amplia el contexto de la persona para conocer qué representan los colores para ella y así acercarse de manera más certera a la significación de los mismos en el aura del sujeto.

Entre los diferentes autores hay quienes dicen que el aura alcanza una distancia entre los 70 centímetros a partir del cuerpo, otros hablan de tres metros y hay quienes dicen que puede llegar a los ocho kilómetros. Esto puede cambiar la forma en que concebimos el contacto con nuestro entorno. Estamos en el entendido que el primer contacto que tenemos con el entorno es nuestra piel, sin embargo, si tomamos en cuenta que nuestra energía, a través del campo áurico, está en contacto desde las distancias mencionadas con el entorno, podemos inferir que estamos en contacto con el mundo antes siquiera de estar conscientes de ello.

Este contacto con el entorno es en ambas vías, ya lo que percibimos desde el exterior como lo que externamos desde nuestro ser. Esto nos permite ser más conscientes del alcance de nuestros estados emocionales, pues si mi energía se encuentra en estados emocionales depresivos o agresivos, dicha energía se estaría expandiendo a ocho kilómetros a la redonda. No se trata de censurar nuestras emociones, sino hacernos conscientes del verdadero alcance que tienen.